Mujeres desde la antigüedad hasta nuestra era

Mujeres en la historia de la humanidad y las consecuencias del patriarcado. El patriarcado es uno de los conceptos más empleados en la Historia de las Mujeres. De forma tradicional se estableció su comienzo en la antigüedad tradicional y se aseveró que había terminado en el siglo XIX con la concesión de derechos civiles a la población femenina.

 

En nuestros días sabemos que el origen no tiene sitio en las civilizaciones tradicionales, entendiendo como estas primordialmente Grecia y Roma, como podemos aseverar que la dominación masculina, y con ella el patriarcado, no han finalizado. Una de las historiadoras que primero se sintió interesada en estudiar el origen del patriarcado fue Gerda Lerner.

 

¿Deseas saber un tanto más de ella? Puesto que lee atentamente. Esta maestra es considerada como una de las vanguardistas en el estudio de las mujeres. Entre sus obras resalta, sobre todo, La creación del patriarcado (mil novecientos ochenta y seis), escrita, como su título señala, con la meta de procurar buscar el origen del sistema patriarcal.

Las mujeres y el patriarcado

 

Para esta estudiosa, la sociedad en la que vivimos todavía tiene un fuerte carácter patriarcal, entendiendo ella por patriarcado: «La institucionalización del dominio masculino sobre mujeres y niños/as en la familia y la extensión del dominio masculino sobre las mujeres en general». Esto implica «que los hombres ostentan el poder en todas y cada una de las instituciones esenciales de la sociedad y que las mujeres son privadas de acceso a ese poder.

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No implica que las mujeres carezcan plenamente de poder ni que estén privadas de derechos, influencias y recurso Esta es la hipótesis de Gerda Lerner: la unidad social básica era la formada por las madres y las criaturas. Debido a la necesidad de supervivencia de la especie por el elevado índice de mortalidad, brota la primera división del trabajo: las mujeres se especializan en actividades que pueden conjuntarse con la crianza al tiempo que los hombres lo van a hacer en la caza mayor y en la defensa del conjunto.

Las mujeres en la historia

 

Con el tiempo se desarrolla la agricultura, así como la repercusión de los hombres más ancianos, y el interés de los conjuntos humanos por las mujeres puesto que , y la descendencia, eran imprescindibles en el proceso de producción. Los hombres empezarán a supervisar la reproducción femenina y a administrar el sobrante agrícola y todo lo que procedía de las guerras.

 

Dado a que los varones gozaban de mayor tiempo de ocio, pudieron desarrollar oficios nuevos y rituales que les dieran más poder. Así, conforme esta historiadora, se habría constituido el patriarcado. Ella ubica su origen en el Próximo Oriente, si bien no habría surgido en todas y cada una de las sociedades al unísono.

El desarrollo del papel de las mujeres en la sociedad

 

Gerda Lerner fija su desarrollo entre los años tres mil cien antes de Cristo y seiscientos antes de Cristo, periodo histórico que deja que se vaya articulando y tome diferentes formas en su estructura y funciones. Ahora que ya estás ubicada en el tiempo y en el espacio veremos cuál es la consideración social femenina en la Grecia y Roma del planeta viejo.

 

Ten presente que, en el campo del Mediterráneo, nos hallamos con sociedades patriarcales donde las mujeres tienen limitados los derechos. Desde un comienzo, asimismo encontraremos una clara separación de espacios. Tanto en la sociedad griega como en la romana se insistirá en que hombres y mujeres son diferentes, puesto que la naturaleza y las deidades los han hecho diferentes y, por consiguiente, están destinados a cumplir labores diferentes.

 

La imagen de la mujer se fundamentará en que tiene menos fuerza física –por tanto, es más débil–, en que es un ser que no puede controlarse y al que se le asigna un espacio: el hogar. Por contra, los hombres son fuertes y con capacidad de autocontrol, y están destinados a desarrollar las actividades del exterior. Este pensamiento se reflejará en todos y cada uno de los niveles de la sociedad e inclusive en las reglas legales, con lo que se concreta de este modo el poder y la hegemonía masculina. La religión cristiana asimismo nos ofrece modelos de mujer.

Las mujeres y la religión

 

Pese a que en el cristianismo primitivo podemos toparnos mujeres trangresoras de la regla patriarcal, cuando este se transforma en religión oficial del Estado romano, los alegatos que se realizan con respecto a lo femenino son completamente tradicionales. Sobre este tema reflexionaremos en otra unidad. No obstante, veremos ciertos ejemplos.

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Mediante la lectura de la Sagrada Escritura podemos ser siendo conscientes de los inconvenientes que tienen las mujeres y de la discriminación a la que son sometidas. El cristianismo no solo crea modelos femeninos sino asimismo establece lo que se comprende por buen comportamiento (lo que implicaba la sumisión femenina). Además de esto, el androcentrismo caracteriza la ceremonia cristiana.

 

La opresión, discriminación y marginación de las mujeres acompañó a los alegatos que el cristianismo promueve desde el siglo IV después de Cristo primordialmente, (instante en que el culto furtivo del cristianismo había terminado). La mujer aprenda en silencio, con toda unión. Por el hecho de que no dejo a la mujer educar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino más bien estar en silencio.

La opresión de las mujeres

 

Pues Adán fue tomado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino la mujer, siendo engañada, incurrió en trasgresión. Mas se salvará engendrando hijos, si continuare en fe, amor y santificación con modestia». 1 Timoteo 2: once-quince. «Como en todas y cada una de las reuniones de los fieles, las mujeres callen en las reuniones, puesto que no les está tolerado charlar, sino se muestren sumisas, como manda la ley. Y si desean aprender algo, que lo pregunten a sus maridos en casa; puesto que no está bien visto que una mujer hable en una asamblea».

 

1 Corintios 14: treinta y cuatro-treinta y cinco. «Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer… No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños». San Agustín de Hipona. «Las mujeres no han de ser alumbradas ni educadas de ningún modo.

 

En verdad, habrían de ser segregadas, puesto que son causa de traidoras y también involuntarias erecciones en los santurrones varones». San Agustín de Hipona. Puedes observar, por consiguiente, la idea de mujer que se promueve. No olvides la relevancia del cristianismo en la sociedad occidental a la largo de la Edad Media, Moderna y Moderna, como las relaciones entre Iglesia y Estado, aun en el siglo veinte (un caso de ello sería el caso de España a lo largo del franquismo).

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Con ello, debes tener en consideración que el modelo femenino que se fomenta desde la religión cristiana perdura durante los siglos y tiene su origen en la antigüedad. Durante la historia se ha intentado legitimar un modelo femenino específico, usando distintos razonamientos que van desde la religión hasta la ciencia. En esta sesión vamos a observar de qué forma, derivado del funcionamiento de un sistema que subordina a las mujeres, el patriarcado, se crea un sujeto femenino al que se adjudican una serie de comportamientos.

 

Analizaremos, de este modo, la creación del modelo femenino del «ángel del hogar» y su implantación en diferentes sociedades. Para finalizar, reflexionaremos sobre ciertos inconvenientes existentes en el planeta actual, derivados de la permanencia del patriarcado. Durante la historia han sido muchas las personas que han empleado diferentes razonamientos para legitimar la inferioridad de las mujeres.

Las mujeres desde su origen

 

Haremos ahora un breve repaso por ciertas oraciones que han dicho distintos pensadores durante la historia: • «Una vez más, el varón es por naturaleza superior y la hembra inferior. Uno dirige y la otra es dirigida», Aristóteles, pensador heleno, trescientos ochenta y cuatro-trescientos veintidos a. de C. • «Existe un principio bueno que creó el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que creó el caos, la obscuridad y la mujer», Pitágoras, pensador y matemático heleno, quinientos ochenta y dos-quinientos siete a. de C.

 

  • «De aquellos que nacieron como hombres, todos y cada uno de los que fueron cobardes y se pasaron la vida haciendo maldades fueron transformados en su segundo nacimiento en mujeres», Platón, pensador heleno, 427/28-trescientos cuarenta y siete antes de Cristo • «La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No dejo que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se sostenga en silencio pues Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar», Nuevo Testamento.

 

Primera epístola a Timoteo. • «Las pequeñas comienzan a charlar y tenerse de pie ya antes que los chicos pues los hierbajos siempre y en todo momento medran más deprisa que los buenos cultivos», Lutero, teólogo, mil cuatrocientos ochenta y tres-mil quinientos cuarenta y seis. • «La primera y más esencial cualidad de la mujer es la dulzura.

 

Debe aprender a someterse sin lamentarse al tratamiento injusto y las ofensas de su marido», Rousseau, pensador, mil setecientos doce-mil setecientos setenta y ocho. • «El hombre debe ser educado para la guerra y la mujer para la recreación del guerrero: todo lo demás es tontería», Friedrich Nietzsche, pensador, mil ochocientos cuarenta y cuatro-mil novecientos.

 

Por ende, para nosotros es incuestionable que la mujer ha de ser madre ante todo, con olvido de todo lo demás si fuera preciso; y esto, por imperdonable obligación de su sexo; como el hombre debe aplicar su energía al trabajo autor por exactamente la misma ley imperdonable de su sexualidad varonil. Oigamos otra vez la voz de Dios, insistente y eterna: Tú mujer parirás; tu hombre trabajarás», Gregorio Marañón, médico, mil ochocientos ochenta y siete-mil novecientos sesenta A lo largo del siglo XIX se naturaliza la imagen de la perfecta ama de su casa, asociándose de este modo lo femenino al arquetipo del «ángel del hogar»: una mujer pura, angelical, inocente, invalidada para la actuación pública, apartada al campo de lo privado y lo familiar.

El futuro de las mujeres en la sociedad

 

Esta imagen femenina se extenderá internacionalmente traspasando aun los alegatos de las sociedades occidentales. Este estereotipo femenino ya lo hallábamos previamente en obras como La perfecta casada, de Fray Luis de León. Este modelo de mujer aparece a lo largo del siglo XVIII y XIX en los libros de medicina, de conducta, de filosofía, etcétera De esta manera, la familia burguesa, sitio en donde encontraremos a la mujer como figura angelical en el hogar, va a ser usada como un ejemplo para el resto de la sociedad.

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La mujer se ligará al ejercicio de la ética, a la maternidad, a la familia y todo ello se justificará entendiendo que cada sexo estaba natural y biológicamente concebido de cara al desarrollo de una serie de actividades y comportamientos. La mujer ideal debía aceptar que el hogar era su planeta. De esta forma, el patriarcado promovió la corporación de la familia a través del prototipo de una mujer sometida, que debía obediencia a su marido.

 

Este modelo del «ángel del hogar» se sostiene a lo largo del siglo veinte. Es en esta centuria cuando hallamos a una de las grandes voces que se levantaron contra este arquetipo: Betty Friedan. Inmersa en el planeta del periodismo, la sicología y la sociología, esta feminista, natural de mil novecientos veintiuno, denunció el modelo de ama de su casa, reclamando además de esto situaciones que en su temporada fueron tachadas de radicales: no discriminación a un sexo, retribución equitativa, ocasiones de ascenso y licencia por maternidad, etcétera No obstante, si por algo puede sonarte el nombre de Betty Friedan es por su escrito La mística de la femineidad, una obra única publicada en mil novecientos sesenta y tres y de suma importancia para el feminismo.

El feminismo y las mujeres

 

Este libro recoge un análisis de las mujeres de clase media de Norteamérica en la sociedad blog post-bélica de los años sesenta del siglo veinte. Betty Friedan destapa el patriarcado denunciando el rol que la sociedad imponía a las mujeres. Esta autora se percatará de que esa «feminidad» era un modelo que se había perpetuado y también interiorizado con el tiempo a fuerza de repetirse, asumiéndolo la mujer americana como su única salida.

 

El modelo femenino del que Betty Friedan habla se identifica con el ama de la casa de un distrito residencial, algo a lo que toda mujer americana debía aspirar, el que se relaciona con el prototipo de mujer que encarnaría al «ángel del hogar». No obstante, Betty Friedan descubrió que estas mujeres, que lo tenían todo, se sentían en el fondo vacías, nulas.

 

La imagen femenina del ama del hogar se promovió por medio de los medios y sobre todo merced a la publicidad. Observa los títulos de ciertos artículos de gacetas que demanda Betty Friedan y después fíjate en las imágenes y coméntalas con tus compañeras: • «La femineidad empieza en el hogar» • «Tal vez el planeta es de los hombres» • «Tenga hijos mientras que es joven» • «Cómo se pesca un hombre» • «¿Debo dejar mi empleo en el momento en que nos casemos?» • «¿Prepara a su hija a fin de que sea una buena esposa?» • «Carreras hogareñas» • «¿Es preciso que charlen tanto las mujeres?» • «¿Por qué razón los soldados prefieren a chicas alemanas?» • «Lo que las mujeres pueden aprender de la Madre Eva» • «La política: un planeta verdaderamente masculino» • «¿De qué forma consolidarse en un matrimonio feliz?» • «No tema casarse joven» • «El médico habla sobre la crianza a pecho» • «Nuestro hijo nació en casa» • «Guisar para mí es poesía» • «El negocio de regir un hogar» Continuando en la edad moderna, mas en un caso así en España, hasta hace poco existió en este país un modelo de sociedad patriarcal tradicional fomentado desde el Estado.

 

La llegada del franquismo implicó una serie de cambios a todos y cada uno de los niveles, tanto en el contexto público como privado. Mujeres y hombres van a deber admitir los planteamientos ideológicos del régimen. Por lo que respecta a la figura femenina, desde el Estado y la Iglesia no se fomenta la imagen de una mujer preparada y también independiente; de ella solo se aguardaba que fuera buena madre y esposa.

Mujeres, esposas, madres, hermanas, hijas…

 

Esto supuso la vuelta a una sociedad patriarcal tradicional, eliminándose ciertos avances que se habían logrado a lo largo de la República. La situación de la mujer en la España Nacional es de pérdida: la historia de una vuelta a la sociedad patriarcal y a un papel de sumisión que parecía un tanto olvidado. La Sección Femenina se formará como un factor esencial para extender el nuevo modelo de mujer.

 

La Sección Femenina nace en mil novecientos treinta y cuatro auspiciado por José Antonio Primo de Rivera, comenzando a adquirir cierta relevancia desde mil novecientos treinta y seis bajo el liderazgo de su hermana menor, Pilar Primo de Rivera. El veintiocho de diciembre de mil novecientos treinta y nueve, bajo decreto, se confía a la Sección Femenina formar y instruir a las mujeres para el hogar.

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treinta y ocho 1 MUJERES EN LA HISTORIA Manual que se entregaba a las mujeres que hacían el Servicio Social en la Sección Femenina,1953. «Las mujeres jamás descubren nada; les falta, desde entonces, el talento autor, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer solamente que interpretar, mejor o bien peor, lo que los hombres nos dan hecho». Pilar Primo de Rivera en mil novecientos cuarenta y dos.

 

«La vida de toda mujer, pese a cuanto desee simular –o disimular– no es más que un eterno deseo de localizar a quien someterse». Medina, gaceta de la Sección Femenina, trece de agosto de mil novecientos cuarenta y cuatro. «Cuando estéis casadas, vais a poner en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula “de”, seguida del apellido de vuestro marido.

 

Esta fórmula es agradable, pues no perdemos la personalidad, sino somos Carmen García, que pertenece al Señor Marín, es decir, Carmen García de Marín». Sección Femenina, Economía familiar para Bachillerato. Todavía quedan muchas cosas por mudar a fin de que podamos charlar de una sociedad igualitaria en donde hombres y mujeres compartan iguales derechos y obligaciones, donde la pertenencia a un sexo no forme un inconveniente y donde los papeles de género no impliquen una restricción.

 

 

Ya antes de meditar en el futuro y en una sociedad más justa, vamos a observar cuales son los efectos del patriarcado en nuestra sociedad. Es imposible que un individuo pueda dedicarse a todo. Por ende, la gente empieza a especializarse, y los espacios asimismo. En la antiguedad, se crean espacios de asamblea como plazas, saunas y salas de banquetes o bien de asambleas políticas… Ya no hay solo lugares privados o bien casas, sino tenemos asimismo espacios públicos creados para la diversión y la toma de resoluciones (aparecen los jefes).

 

Y en esa primera división entre lo público y lo privado o bien doméstico… ¿dónde quedan las mujeres? Poquito a poco irán siendo identificadas con ese campo privado/doméstico. Como afirmábamos, su especialización como generadoras de vida va a terminar estando sobre el resto de las labores que no deban ver con el campo de lo familiar (lavar, adecentar, cuidar, etcétera), cuando menos en la teoría por el hecho de que, como sabes por propia experiencia, las mujeres han trabajado en el campo, en la mina… Eso sí, jamás se ha valorado esta presencia. ¿Por qué razón? Pues, políticamente hablando, habían perdido todo el poder.

 

En los centros de asamblea social, en los lugares donde se toman resoluciones, las mujeres no tenían palabra. De este hecho nos da buena cuenta, por servirnos de un ejemplo, Estrabón, un autor heleno que escribió sobre la población de Asturias de hace unos dos mil años. Estrabón nos habla de asambleas en las que solamente participaban los hombres; las mujeres habían sido excluidas.

 

Teóricamente, a las mujeres se les asigna el espacio familiar como campo en el que deberían moverse, como el único espacio que deberían ocupar como «reinas del hogar», como «amas de casa». Para esto, desde el sistema patriarcal se crearon una serie de alegatos dirigidos a promover la creencia de que el mejor lugar para las mujeres es, exactamente, «su» casa; o bien mejor dicho, la del padre, la del marido, etcétera No solo las leyes, sino más bien la religión, la literatura, la ciencia, la filosofía, etcétera, se encargaron de poner a las mujeres en «su sitio» En la práctica, el propio desarrollo histórico y las diferentes necesidades sociales y humanas prueban que las mujeres asimismo ocuparon otros espacios. Es más, procuraron y crearon mecanismos para establecer sus espacios y salir alén del campo del hogar.

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Por lo general, podemos decir que el alegato patriarcal nutría un modelo que, en la práctica, poquísimas mujeres podían cumplir. El trabajo fuera del hogar ha sido, y es, una regla no escrita por las propias necesidades económicas; de este modo, el patriarcado aceptaba esa salida del hogar, mas sin el preciso reconocimiento público. Piensa, para terminar, en cuántos espacios han estado y están vetados para las mujeres.

 

¿Puedes poner algún ejemplo, pasado o bien actual? Resulta curioso observar de qué forma, si nos paramos un poco a meditar, el espacio ya no nos semeja algo inocente, sino forma el reflejo de la construcción patriarcal de la sociedad; o sea, las mujeres formamos una parte de los asentamientos humanos, asistimos a edificarlos, no obstante, no se han tenido en cuenta nuestras necesidades.

 

Por eso, hoy, formen un referente los proyectos urbanísticos que tienen presente las diferencias de género, y que, en consecuencia, incluyen la visión y las necesidades de las mujeres: seguridad, mejora del transporte público (puesto que es más utilizado por las mujeres), zonas de recreo infantil, casas de encuentro, etcétera La Evolución Humana se define como el proceso de transformación de la especie humana desde sus antepasados hasta nuestro estado actual.

 

O sea, es un proceso de cambio que por último dio sitio al Homo sapiens, que es nuestra especie. Mas ¿de qué forma hemos llegado a ser como somos? ¿De qué forma hemos ido mudando? Han sucedido muchos cambios y también innovaciones durante los años, que nos han hecho ser humanos y humanas. Una de esas primeras peculiaridades que definió al humano fue la bipedación, esto es, la capacidad de caminar erguido sobre los 2 pies.

 

Además de esto, la bipedestación implica una determinada situación de la pelvis, que hace que las crías nazcan prematuras, lo que incide de manera directa tanto en el cuerpo femenino como en la mayor dependencia de las crías. Otros cambios muy significativos han sido: la expansión del cerebro, el lenguaje, el fuego, la socialización, el simbolismo, etcétera, si bien estas peculiaridades se desarrollaron más de manera lenta.

 

Las viejas especies de homínidos, como Lucy, se fueron amoldando a nuevos ambientes para subsistir, conforme sus genes iban mutando, alterando de esta manera su anatomía (estructura anatómico), fisiología (procesos físicos y químicos como la digestión) y comportamiento. Una pregunta que a bastante gente se le viene a la cabeza cuando charlamos en términos evolutivos es si verdaderamente descendemos del mono.

 

Puesto que bien, la contestación está en entender dónde estamos los humanos en la escala evolutiva; piensa, por servirnos de un ejemplo, en las próximas preguntas: La escala evolutiva podría responderse de exactamente la misma manera: soy humana, entonces hominoidea, después catarrina, entonces simia, después haplorrina y por último primate, lo que me llevaría a ser parte de la familia de los mamíferos vertebrados y por último del reino animal.

 

Y esto es de este modo, entre otras muchas cosas, pues los genes del humano y del chimpacé son idénticos prácticamente en un noventa y ocho por ciento . El chimpancé es nuestro familiar biológico vivo más próximo, esto no quiere decir que hayamos evolucionado del chimpancé, sino las dos especies teníamos un ancestro mono común.

 

Hasta el momento, hemos hablado de evolución, de escalas, de cambios, de ancestros, etcétera, y todo esto nos lleva a un proceso natural que ha desembocado en la aparición de los hombres y las mujeres actuales. Ahora bien, ¿exactamente en qué instante hemos considerado esta evolución como la confirmación del dominio masculino? La contestación, como siempre y en toda circunstancia, la hallamos en la sociedad patriarcal, en un caso así en la ciencia y, más específicamente, en la biología y en el propio Darwin, puesto que este charlaría no solo de adaptación sino más bien de la lucha por la supervivencia y, en suma, de la «ley del más fuerte».

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Recordamos que, en el momento de charlar de espacios, una de las razones que justificaban la división era la debilidad del cuerpo femenino. Exactamente los mismos razonamientos, la presunta debilidad anatómico, se emplea ahora para justificar «científicamente» la inferioridad femenina. Si echamos una ojeada a los hombres y mujeres actuales, ¿verdaderamente piensas que hay una diferencia substancial en el tamaño? Claro que hay alguna, mas piensa en nuestros familiares, por poner un ejemplo, los gorilas; el macho dobla a las hembras en peso y fuerza, lo que en biología tiene por nombre dimorfismo sexual, que sería lo opuesto a monomorfismo, el que se aplicaría a aquellas especies en las que el tamaño y la fuerza son afines entre los dos sexos.

 

Nuestra especie es monomórfica, y esto es de este modo por el hecho de que la mujer más grande de nuestra especie supera en tamaño y fuerza al macho más pequeño, cosa que jamás ocurriría entre los y las gorilas. El dimorfismo no solo se observa en la diferencia física sino más bien asimismo en la organización social, en el comportamiento de los individuos.

 

De esta manera, la poligamia (un macho con múltiples hembras o bien a la inversa) o bien la monogamia se relacionan con el grado de dimorfismo. Por servirnos de un ejemplo, el macho gorila convive con múltiples hembras en un mismo territorio, asumiendo el poder; no obstante, entre los bonobos, en los que apenas existen diferencias, los machos y las hembras gozan de la sexualidad y del poder, por igual.

 

Sabiendo esto, ¿de qué manera podemos trasladar este conocimiento al pasado? A través del estudio de los restos fósiles y, de forma especial, de los caninos. De este modo, sabemos que hubo especies de homínidos, como los de la Gruta de los Huesos de Atapuerca, que presentaban un claro dimorfismo sexual; no obstante, la evolución nos llevaría al monomorfismo, y esto fue de este modo merced al «estirón» dado por las mujeres.

 

Para comprender la minoración de las diferencias sexuales en tamaño podríamos meditar que los machos se hicieron más tolerantes entre ellos, más cooperativos para con los dos sexos, y que el nivel de conflictividad bajó. No era preciso, entonces, para los machos ser tan fuertes y se podrían ahorrar una parte notable de la energía invertida en generar su cuerpo.

 

La colaboración del conjunto era esencial, lo que se traduciría en la necesidad de que las hembras aumentasen su tamaño hasta llegar al monomorfismo, lo que, si charlamos en términos biológicos, implica igualdad y colaboración. La desigualdad no es algo natural, sino más bien cultural, algo inventado desde las sociedades humanas. Veamos, exactamente, de qué manera se ha construido esa imagen.

 

Efectivamente, estamos frente a una contradicción si pensamos en las mujeres y el poder, puesto que las sociedades del pasado han sido patriarcales, lo que quiere decir que solo los hombres tenían el privilegio de regir fuera y en el hogar. Esto es, a las mujeres no se nos dejaba acceder al poder, entendido como acción de gobierno y actividad política.

 

Transcurrido el tiempo, ciertas mujeres comenzaron a meditar sobre su exclusión de los espacios de poder, asimismo sobre su papel de sometidas a los varones. Las que de esta forma lo hacían eran las vanguardistas del feminismo, que empieza con figuras como Cristina de Pizán, hace más de 6 centurias, hasta llegar a pensadoras como Simone de Beauvoir, en pleno siglo veinte.

 

Rememorar a estas pensadoras y las luchas colectivas de las mujeres en los últimos doscientos años nos deja comprender el largo camino recorrido y las contrariedades que debieron superarse, mas asimismo nos ayuda a entender el papel que las mujeres gozan en la sociedad del presente. piensa en cuántos nombres de mujeres poderosas puedes rememorar frente al número de hombres.

 

Desfilan personajes como Alejandro Magno, César, Napoleón, Lenin, Hitler, Mussolini, Franco, Clinton, Obama, Felipe González, Aznar, Zapatero… Junto a ellos, ¿qué nombres de mujeres te vienen a la cabeza?; solo ciertos como Cleopatra, Isabel de Castilla, Juana la Ida, Isabel II, Margaret Tatcher, Hillary Clinton, Victoria y también Isabel II de Inglaterra… Ocurre, asimismo, que los personajes masculinos que rigieron acostumbran a presentarse como seres capaces para tomar resoluciones sabias y apropiadas, al paso que de las mujeres se acostumbran a resaltar sus desaciertos y fallos.

 

Basta imaginar a Cleopatra en frente de Alejandro Magno y las imágenes poderosas que se han mantenido siglo tras siglo o bien, más últimamente, la victoria de Barack Obama en frente de Hillary Clinton. Desde el instante en que aparecen las primeras sociedades hasta el momento, las actividades públicas se identificaban como masculinas. Entre esas, se incluía la labor política, considerándose que el varón tenía mayor inteligencia, capacidad para el autocontrol, mayor fuerza física y mental; el hombre mandaba y la mujer obedecía, dentro y fuera del hogar.

 

En frente de los méritos del varón, como la prudencia o bien su innata inteligencia, se menciona a la pasión desaforada que caracteriza a la mujer, a sus dosis de ambición y falta de autocontrol, lo que la inhabilitaba para regir apropiadamente. Esta visión del poder femenino lo que pretende es crear estereotipos en los que están volcándose prejuicios sexistas, que ocultan, en el fondo, el miedo masculino al poder de las mujeres. Pese a todo, las mujeres han gozado de sus espacios de poder.

 

Nuestras antepasadas han respetado la autoridad masculina en la casa, en la comunidad, en el Estado, pues de esta manera lo imponían las leyes, mas han tenido asimismo sus parcelas de poder. Por servirnos de un ejemplo, no ha sido simple discutir la autoridad de la madre o bien de la abuela en el hogar, o bien negar el poder de las madres sobre su descendencia; y puede hablarse asimismo de la repercusión de determinadas mujeres sobre hombres poderosos como esposas, madres, cómplices, aun amantes, lo que dio sitio a la oración, bastante sexista a propósito, «detrás de un enorme hombre, siempre y en todo momento hay una enorme mujer».

 

Como prejuicio muy arraigado se ha llegado a meditar en la seducción femenina como arma de poder. Pese a las contrariedades, de las propias leyes, en la historia aparecen nombres de mujeres que reinaron, si bien la mayor parte hayan señalado como esposas, madres o bien familiares de los gobernantes. Solo importaban como las madres del sucesor, legitimando la herencia del trono, como todavía prosigue ocurriendo.

 

Por este motivo, se complicó el acceso de las mujeres a las responsabilidades de regir, apareciendo poquísimos nombres de reinas –a quienes no les resultó simple el ejercicio del poder– durante la historia. Para ejercer cargos públicos, o sea, para ser mujeres con poder, la mayor parte fueron reinas, todavía lo prosiguen siendo.

 

Solo en los tiempos recientes hallamos miembros del Congreso de los Diputados. En el caso de España, resaltan las escogidas en la II República en el año mil novecientos treinta y uno. Mas, como reinas o bien como miembros del Congreso de los Diputados, poquísimos nombres femeninos aparecen en la historia, si bien uno de los más conocidos fue el de la exótica reina de la antigüedad, Cleopatra.

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Indudablemente, una de las mujeres poderosas que conocen tanto quienes se dedican a la historia como el enorme público generalmente, ha sido Cleopatra, que ha dado sitio a estereotipos del poder femenino, reflejados en el cine, mas asimismo en la novela o bien la pintura. Se nos presenta como seductora, casquivana, frívola, dispendiosa, que procuraba manejar a los hombres a su antojo, apasionada, desentendida de los temas de su reino… Con estos atributos se realiza el prototipo, plenamente malvado, del poder femenino, que va a ser criticado y rechazado.

 

La biografía real de esta mujer que rigió Egipto en el siglo I a. después de Cristo no se aproxima demasiado al mito, si bien es bastante difícil de contrastar; lo que semeja es cierto que procuró ser una buena reina en su tiempo. En frente de Cleopatra, siglos después y ya en España, aparece la simbólica reina Isabel I de Castilla, llamada la Católica.

 

Curiosamente, este personaje, del que asimismo brotó una historia de leyenda negra, dio sitio a una imagen positiva de gobierno. Mas cuando se habla de ella, se la alaba pues rigió como lo hubiese hecho un hombre, puesto que semeja asombrar que una mujer haya tenido tantos aciertos como se le atribuyen, entre otros muchos, su confianza ciega en el monomórfica, y esto es de este modo por el hecho de que la mujer más grande de nuestra especie supera en tamaño y fuerza al macho más pequeño, cosa que jamás ocurriría entre los y las gorilas.

 

El dimorfismo no solo se observa en la diferencia física sino más bien asimismo en la organización social, en el comportamiento de los individuos. De esta manera, la poligamia (un macho con múltiples hembras o bien a la inversa) o bien la monogamia se relacionan con el grado de dimorfismo. Por servirnos de un ejemplo, el macho gorila convive con múltiples hembras en un mismo territorio, asumiendo el poder; no obstante, entre los bonobos, en los que apenas existen diferencias, los machos y las hembras gozan de la sexualidad y del poder, por igual.

 

Sabiendo esto, ¿de qué manera podemos trasladar este conocimiento al pasado? A través del estudio de los restos fósiles y, de forma especial, de los caninos. De este modo, sabemos que hubo especies de homínidos, como los de la Gruta de los Huesos de Atapuerca, que presentaban un claro dimorfismo sexual; no obstante, la evolución nos llevaría al monomorfismo, y esto fue de este modo merced al «estirón» dado por las mujeres.

 

Para comprender la minoración de las diferencias sexuales en tamaño podríamos meditar que los machos se hicieron más tolerantes entre ellos, más cooperativos para con los dos sexos, y que el nivel de conflictividad bajó. No era preciso, entonces, para los machos ser tan fuertes y se podrían ahorrar una parte notable de la energía invertida en generar su cuerpo.

 

La colaboración del conjunto era esencial, lo que se traduciría en la necesidad de que las hembras aumentasen su tamaño hasta llegar al monomorfismo, lo que, si charlamos en términos biológicos, implica igualdad y colaboración. La desigualdad no es algo natural, sino más bien cultural, algo inventado desde las sociedades humanas. Veamos, exactamente, de qué manera se ha construido esa imagen.

 

Efectivamente, estamos frente a una contradicción si pensamos en las mujeres y el poder, puesto que las sociedades del pasado han sido patriarcales, lo que quiere decir que solo los hombres tenían el privilegio de regir fuera y en el hogar. Esto es, a las mujeres no se nos dejaba acceder al poder, entendido como acción de gobierno y actividad política.

 

Transcurrido el tiempo, ciertas mujeres comenzaron a meditar sobre su exclusión de los espacios de poder, asimismo sobre su papel de sometidas a los varones. Las que de esta forma lo hacían eran las vanguardistas del feminismo, que empieza con figuras como Cristina de Pizán, hace más de 6 centurias, hasta llegar a pensadoras como Simone de Beauvoir, en pleno siglo veinte.

 

Rememorar a estas pensadoras y las luchas colectivas de las mujeres en los últimos doscientos años nos deja comprender el largo camino recorrido y las contrariedades que debieron superarse, mas asimismo nos ayuda a entender el papel que las mujeres gozan en la sociedad del presente. piensa en cuántos nombres de mujeres poderosas puedes rememorar frente al número de hombres.

 

Desfilan personajes como Alejandro Magno, César, Napoleón, Lenin, Hitler, Mussolini, Franco, Clinton, Obama, Felipe González, Aznar, Zapatero… Junto a ellos, ¿qué nombres de mujeres te vienen a la cabeza?; solo ciertos como Cleopatra, Isabel de Castilla, Juana la Ida, Isabel II, Margaret Tatcher, Hillary Clinton, Victoria y también Isabel II de Inglaterra… Ocurre, asimismo, que los personajes masculinos que rigieron acostumbran a presentarse como seres capaces para tomar resoluciones sabias y apropiadas, al paso que de las mujeres se acostumbran a resaltar sus desaciertos y fallos.

 

Basta imaginar a Cleopatra en frente de Alejandro Magno y las imágenes poderosas que se han mantenido siglo tras siglo o bien, más últimamente, la victoria de Barack Obama en frente de Hillary Clinton. Desde el instante en que aparecen las primeras sociedades hasta el momento, las actividades públicas se identificaban como masculinas. Entre esas, se incluía la labor política, considerándose que el varón tenía mayor inteligencia, capacidad para el autocontrol, mayor fuerza física y mental; el hombre mandaba y la mujer obedecía, dentro y fuera del hogar.

 

En frente de los méritos del varón, como la prudencia o bien su innata inteligencia, se menciona a la pasión desaforada que caracteriza a la mujer, a sus dosis de ambición y falta de autocontrol, lo que la inhabilitaba para regir apropiadamente. Esta visión del poder femenino lo que pretende es crear estereotipos en los que están volcándose prejuicios sexistas, que ocultan, en el fondo, el miedo masculino al poder de las mujeres. Pese a todo, las mujeres han gozado de sus espacios de poder.

 

Nuestras antepasadas han respetado la autoridad masculina en la casa, en la comunidad, en el Estado, pues de esta manera lo imponían las leyes, mas han tenido asimismo sus parcelas de poder. Por servirnos de un ejemplo, no ha sido simple discutir la autoridad de la madre o bien de la abuela en el hogar, o bien negar el poder de las madres sobre su descendencia; y puede hablarse asimismo de la repercusión de determinadas mujeres sobre hombres poderosos como esposas, madres, cómplices, aun amantes, lo que dio sitio a la oración, bastante sexista a propósito, «detrás de un enorme hombre, siempre y en todo momento hay una enorme mujer».

 

Como prejuicio muy arraigado se ha llegado a meditar en la seducción femenina como arma de poder. Pese a las contrariedades, de las propias leyes, en la historia aparecen nombres de mujeres que reinaron, si bien la mayor parte hayan señalado como esposas, madres o bien familiares de los gobernantes. Solo importaban como las madres del sucesor, legitimando la herencia del trono, como todavía prosigue ocurriendo.

 

Por este motivo, se complicó el acceso de las mujeres a las responsabilidades de regir, apareciendo poquísimos nombres de reinas –a quienes no les resultó simple el ejercicio del poder– durante la historia. Para ejercer cargos públicos, o sea, para ser mujeres con poder, la mayor parte fueron reinas, todavía lo prosiguen siendo.

 

Solo en los tiempos recientes hallamos miembros del Congreso de los Diputados. En el caso de España, resaltan las escogidas en la II República en el año mil novecientos treinta y uno. Mas, como reinas o bien como miembros del Congreso de los Diputados, poquísimos nombres femeninos aparecen en la historia, si bien uno de los más conocidos fue el de la exótica reina de la antigüedad, Cleopatra.

 

Indudablemente, una de las mujeres poderosas que conocen tanto quienes se dedican a la historia como el enorme público generalmente, ha sido Cleopatra, que ha dado sitio a estereotipos del poder femenino, reflejados en el cine, mas asimismo en la novela o bien la pintura. Se nos presenta como seductora, casquivana, frívola, dispendiosa, que procuraba manejar a los hombres a su antojo, apasionada, desentendida de los temas de su reino… Con estos atributos se realiza el prototipo, plenamente malvado, del poder femenino, que va a ser criticado y rechazado.

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La biografía real de esta mujer que rigió Egipto en el siglo I a. después de Cristo no se aproxima demasiado al mito, si bien es bastante difícil de contrastar; lo que semeja es cierto que procuró ser una buena reina en su tiempo. En frente de Cleopatra, siglos después y ya en España, aparece la simbólica reina Isabel I de Castilla, llamada la Católica.

 

Curiosamente, este personaje, del que asimismo brotó una historia de leyenda negra, dio sitio a una imagen positiva de gobierno. Mas cuando se habla de ella, se la alaba pues rigió como lo hubiese hecho un hombre, puesto que semeja asombrar que una mujer haya tenido tantos aciertos como se le atribuyen, entre otros muchos, su confianza ciega en el viaje que financió a Cristóbal Colón.

 

Ella fue la que, al lado de su esposo Fernando, expulsó el último refugio árabe en España. No resulta conveniente olvidar que estaba muy amparada por el poder de la Iglesia y contribuyó, en buena medida, a crear una imagen de mujer devota. Curiosamente, los historiadores y también historiadoras asimismo acostumbran a reconocer el papel de las mujeres como consejeras y debe reconocerse la preocupación de la reina por promover la educación de las mujeres, como hizo con sus hijas, de forma especial con Juana.

 

Mas los prejuicios sobre el poder femenino se revelan cuando valoran el gobierno de Isabel, al insistirse en sus cualidades masculinas. En el fondo, se pretende persuadir de que fue una buena reina por el hecho de que actuó como lo hubiese hecho un hombre, opinión que comparten autores de la temporada. Mas si Isabel rigió y superó las conspiraciones de su temporada, no ocurrió lo mismo con su hija Juana, a quien se privó del ejercicio del poder, descalificándola y encerrándola para eludir que pudiera regir.

 

Promover o bien acusar de una insensatez llevada a sus extremos ha sido asimismo la vía para privar a las mujeres del ejercicio del poder, lo que justificaría su encierro de cara a impedir que pudiesen regir. Nuevamente, las historiadoras del presente examinan lo que se ha dicho sobre las mujeres del pasado, más todavía cuando han sido víctimas de situaciones que no pudieron supervisar, por horribles resoluciones de sus familiares masculinos.

 

Como ocurrió con Juana, a la que el círculo de sus familiares masculinos, incluido su hijo, intentó distanciarla del poder. Tras estas y otras reinas, llegamos al siglo XX y proseguimos en Espa- ña. En este país no hubo mujeres miembros del Congreso de los Diputados hasta el año mil novecientos treinta y uno, en las elecciones de la Segunda República, saliendo escogidas 3 entre más de cuatrocientos miembros del Congreso de los Diputados.

 

Ellas fueron Margarita Nelken, Victoria Kent y Clara Campoamor: las 2 últimas se encararon en un apasionado discute sobre el derecho al sufragio de las mujeres, que se logró el 1 de octubre de mil novecientos treinta y uno, en una votación que consiguió ciento sesenta y uno votos a favor, ciento veintiuno en contra y unas locuaces ciento ochenta y ocho abstenciones.

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Con estas y otras mujeres, comenzaba un camino de integración progresiva de la mujer a los parlamentos europeos, que se consiguió por la acción del movimiento feminista, que había empezado mucho ya antes. Exactamente, la composición del gobierno de España más reciente puede ser un síntoma de esta presencia femenina en los órganos de poder, pese a que en España el movimiento feminista comenzó después que en otros países. Estos son ciertos ejemplos de los logros logrados.

 

Para comprenderlos hay que tener en consideración la tarea de muchas mujeres como pensadoras, y sobre todo conocer y reconocer la lucha de las mujeres que se integraron en el feminismo. Frente al poder masculino, las mujeres han sabido combatir y organizarse de forma colectiva para proteger sus derechos en frente de los privilegios de los varones.

 

Cuando esto ocurre, afirmamos entonces que estamos ante feministas, cuyas acciones han sido tanto individuales como colectivas. Merced a su tarea, las mujeres hemos logrado derechos y hemos ido equiparándonos con los varones, si bien todavía no hemos logrado la total igualdad y estamos lejísimos de alcanzarla en los países pobres del planeta.

 

Antes que hubiese un movimiento feminista organizado, hubo muchas mujeres que pensaron y escribieron sobre la desigualdad femenina, puesto que eran siendo conscientes de su situación de inferioridad en la sociedad. Cuando recordamos a estas mujeres, acostumbramos a comenzar por Cristina de Pisán (mil trescientos sesenta y cuatro-mil cuatrocientos treinta), que escribió La urbe de las Damas en el año mil cuatrocientos cinco.

 

En esta obra, considerada la primera con perspectiva feminista, Pisán cuestiona las ideas misóginas de la temporada y plantea la utopia de un planeta habitado solo por mujeres, en el que estas podrían desarrollar todas y cada una de las capacidades que les eran negadas en aquel tiempo. Después de ella, fueron brotando otras mujeres, de clase acomodada, que asimismo meditaron sobre los inconvenientes de las mujeres y defendían que tenían exactamente el mismo talento, dando sitio a la conocida «Querella de las Mujeres», una polémica que se extendió a lo largo de trescientos años entre quienes consideraban a las mujeres seres inferiores por naturaleza y quienes defendían que estas tenían exactamente las mismas destrezas que los varones.

 

Mujeres en la historia A fines del siglo XVIII aparecen 2 figuras muy señaladas, Olimpia de Gouges y Mary Wollstonecraft. Olimpia de Gouges murió guillotinada en mil setecientos noventa y tres, tras haber participado en la Revolución francesa demandando que las mujeres asimismo fueran consideradas ciudadanas de pleno derecho.

 

Si Olimpia vivía en Francia, en exactamente los mismos años, en Inglaterra, Mary Wollstonecraft (mil setecientos cincuenta y nueve-mil setecientos noventa y siete), escribía Vindicación de los derechos de la mujer, pidiendo asimismo que las mujeres tuvieran exactamente los mismos derechos que los que gozaban los varones. Las dos son figuras que demandan y demandan, mas lo hacen a nivel individual.

 

No va a ser lo mismo lo que suceda en Seneca Falls, una pequeña urbe del Estado de la ciudad de Nueva York, en la que se reunieron unas trescientas personas para demandar una larga lista de derechos. Realizaron la «Declaración de Sentimientos de Seneca Falls» empezando de esta forma el feminismo moderno, llamado sufragista por su encendida defensa del voto.

 

Uno de los países donde primero y con más fuerza surgió el feminismo fue G. Bretaña. Desde mil ochocientos sesenta, las sufragistas británicas solicitaron de forma pacífica y moderada su derecho al voto. Mas, tras cuarenta años de demandas sin lograr resultados, ciertas optaron por recurrir a tácticas más radicales.

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Esta rama del feminismo fue dirigida por Emmeline Pankhurst (mil ochocientos cincuenta y ocho-mil novecientos veintiocho). Para demandar el voto femenino penetraban en mítines políticos y se negaban a abonar las multas derivadas de sus acciones reivindicativas, siendo muchas de ellas presas.

 

Poco más tarde, apareció el feminismo socialista, que defendía que las reclamaciones de las mujeres debían ser compatibles con la lucha para terminar con las diferencias sociales y económicas. Proponían que las mujeres de clase obrera padecían una situación de doble explotación, como mujeres y como trabajadoras. Este pensamiento estuvo ligado a Alexandra Kollontai y Clara Zetkin.

 

Es esencial que recordemos a Clara Zetkin (mil ochocientos cincuenta y siete-mil novecientos treinta y tres) por ser una de las mujeres que hizo posible que cada ocho de marzo festejemos el Día Internacional de la Mujer. En mil novecientos diez se festejó la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de Copenhague, en la que Zetkin planteó que de año en año se festejase, en el mundo entero, un día dedicado a las mujeres.

 

Alexandra Kollontai (mil ochocientos setenta y dos-mil novecientos cincuenta y dos) resaltó por su doble compromiso con la revolución social y la emancipación femenina, defendiendo que el matrimonio tradicional y también inseparable había de ser reemplazado por nuevas relaciones cariñosas, basadas en el amor libre, el respeto mutuo y la igualdad de responsabilidades y derechos en la pareja.

 

Desde sus orígenes, el feminismo ha sido un movimiento que ha llevado a la calle acciones políticas, mas asimismo han surgido pensadoras muy notables, entre aquéllas que resalta Simone de Beauvoir (mil novecientos ocho-mil novecientos ochenta y seis), cuya obra El segundo sexo hizo meditar a mujeres de todo el planeta en su situación presente y pasada, desenmascarando las trampas de las sociedades patriarcales y de los mitos que nos habían hecho opinar sobre lo femenino.

 

Si bien la obra Beauvoir se publicó en el año mil novecientos cuarenta y nueve, marcó el feminismo de los años setenta. En exactamente la misma línea, en E.U., Betty Friedan (mil novecientos veintiuno-dos mil seis) publicó, en mil novecientos sesenta y tres, La mística de la femineidad, un trabajo en el que insistía en los riesgos de determinados modelos de femineidad, como el del «ángel del hogar», que pretendían encerrar a las mujeres en casa, derivando en frustraciones horribles para las que no se sentían cómodas llevando ese género de vida.

 

El feminismo de los años setenta empleó el leimotiv «lo personal es político» para poner de manifiesto que la subordinación de las mujeres partía de aquello que les pasaba en la vida privada. Hasta ese instante, el movimiento feminista había reclamado la equiparación de derechos, mas entonces se propón que semejantes reivindicaciones son precisas mas no suponen la igualdad real.

 

Desde finales de los años sesenta y a lo largo de los setenta, se incorporan nuevas demandas a la agenda feminista, como la corresponsabilidad en el cuidado de la familia y las labores del hogar, el derecho a tener un trabajo digno y a prosperar en el planeta laboral sin discriminaciones con motivo de sexo o bien el acceso con libertad a los métodos anticonceptivos.

 

»El feminismo en España En España, el movimiento feminista se organizó con determinado retraso, si lo equiparamos con países vanguardistas como E.U. y G. Bretaña. En el siglo XIX, contamos con figuras señaladas que, a título individual, demandan una serie de mejoras para las mujeres, como lo hizo la letrada y reformadora social Concepción Médano (mil ochocientos veinte-mil ochocientos noventa y tres).

 

Las reclamaciones feministas empezaron a tener más eco en España con la llegada del siglo veinte, dando sitio a un movimiento organizado por medio de agrupaciones como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), constituida en mil novecientos dieciocho bajo el liderazgo de María Espinosa de los Monteros, o bien la Unión de Mujeres de Espa- ña (UME), puesta en marcha en mil novecientos diecinueve y encabezada por la Marquesa del Ter.

 

En mil novecientos treinta y uno, con la llegada de la Segunda República, las mujeres pudieron votar, por vez primera en España, en condiciones de igualdad que los varones. Aparte del voto, a lo largo del periodo republicano se aprobaron reclamaciones feministas, como el divorcio y la investigación de la paternidad, y se puso en marcha la escolarización mixta y no segregada con motivo de sexo.

 

La llegada del Franquismo supuso un claro retroceso en los avances que experimentaban las mujeres en España, pues el modelo de femineidad protegido por la dictadura volvía a los factores más tradicionales. Las mujeres debían ser, ante todo, obedientes esposas y sacrificadas madres. A la pérdida de derechos políticos, se sumó la eliminación del divorcio y se volvió a implantar la educación separada para pequeñas y pequeños.

 

No obstante, coincidiendo con el final del régimen de Franco, asistimos al renacer del feminismo en España. Como sucedía en otros paí- ses, las mujeres se organizan nuevamente para demandar sus derechos. Demandan tomar partido en el campo público, mas asimismo la corresponsabilidad en las labores del hogar y en el cuidado de la familia, a la par que denuncian la violencia contra las mujeres y reclaman el derecho a contar con de manera libre de métodos anticonceptivos.

La visión del futuro de las mujeres 

 

En el feminismo de España de los años setenta resalta la letrada, escritora y cronista Lidia Falcón, creadora del Colectivo Feminista de Barna y de la publicación Vindicación Feminista. Es asimismo famosa por haber promovido la creación del Partido Feminista y por dirigir la gaceta Poder y libertad. Desde el campo de la filosofía, Celia Amorós y Amelia Valcárcel son 2 teóricas que sobresalen por sus medites y aportaciones a la causa de las mujeres.

 

Celia Amorós es catedrática de Filosofía y ha sido miembro del Departamento de Filosofía y Filosofía Ética y Política de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia). Autora de abundantes libros de temática feminista, aboga por un feminismo comprometido con la lógica de la igualdad. Entre sus obras más recientes podemos refererir Mujeres en el imaginario de la globalización y Vetas de Ilustración: medites sobre Feminismo y también Islam.

 

En lo que se refiere a Amelia Valcárcel, comparte con Celia Amorós el compromiso con el feminismo de la igualdad. A lo largo de 3 décadas fue enseñante en la Universidad de Oviedo y en la actualidad es catedrática de Filosofía Ética y Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Es, además de esto, Consejera de Estado y directiva de la Escuela Feminista Rosario de Acu- ña de Gijón.

 

Ha publicado abundantes trabajos, como La política de las mujeres o bien Feminismo en un planeta global. Los derechos de las mujeres en el planeta actual Desde personajes como Mary Wollstonecraft o bien Simone de Beauvoir, el feminismo ha seguido avanzando, consciente de los inconvenientes que tiene la sociedad del presente, los que afectan en especial a las mujeres, y cuál es el papel que debemos ejercer las propias mujeres.

Las leyes y las mujeres

 

Han sido, indudablemente, las luchas y reivindicaciones del movimiento feminista las que hicieron posible que el día de hoy vivamos en una sociedad considerablemente más igualitaria. No obstante, las mujeres todavía tenemos muchos desafíos por lograr. Ahora, repasaremos ciertos de ellos. Un primer reto debe ver con el acceso a la instrucción. De los ochocientos setenta y seis millones de personas incultas que hay en el planeta, 2 de cada 3 son mujeres.

 

En países de África como Burundi, Chad, Etiopía, Guinea, Níger o bien Somalia, la proporción de pequeñas y jóvenes que cursan educación secundaria no alcanza el diez por ciento . Otro de los desafíos que falta por lograr es la auténtica igualdad en el planeta del trabajo. Los cambios deben comenzar por el reparto de labores en el hogar.

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Además de esto, son las mujeres quienes se encargan del cuidado de las criaturas y de las personas ancianas. En zonas donde el agua corriente todavía no llega a los hogares, son las encargadas de conllevarla, recorriendo en ocasiones distancias larguísimas. El acceso a un empleo es esencial para el desarrollo personal y para tener independencia económica.

 

En los últimos cuarenta años, la participación femenina en el planeta laboral ha aumentado de forma considerable; de todas formas, la tasa de actividad femenina está bajo la masculina. Además de esto, el desempleo es más alto entre las mujeres en prácticamente todos los países. En el momento de cobrar el sueldo, las mujeres ganan menos, todavía desempeñando actividades de igual categoría profesional.

 

En la actualidad se habla de que en el planeta hay una feminización de la pobreza. Estos términos se emplean para patentizar que, de los mil trescientos millones de personas bajo el umbral de la pobreza, el setenta por ciento son mujeres. Ser mujer todavía supone, en el planeta actual, partir de una situación de desventaja.

 

En China, India y otros países asiáticos, los gobiernos han tomado medidas para reducir las tasas de natalidad y contener el exorbitante desarrollo de la población que experimentaban. Estas políticas, llamadas «del hijo único», tratan de que cada mujer tenga solo una criatura. En este contexto, las familias prefieren tener un hijo varón en vez de una hija.

 

Las pequeñas son vistas como una carga en tanto que su destino es el matrimonio, al que deben aportar una costosa dote. Por este motivo, cuando descubren que es una pequeña la que viene en camino, recurren al aborto selectivo. Estas prácticas hacen que el día de hoy Asia sea el continente más masculino del planeta.

 

El último reto que vamos a contar es el de eliminar la violencia con motivo de género. La violencia contra las mujeres es una realidad en el mundo entero, llegando a cotas singularmente graves en lugares como Urbe Juárez, en México, donde cientos y cientos de mujeres han sido salvajemente asesinadas sin que las autoridades, corruptas y también ineficaces, hayan tomado medidas.

 

Marcela Lagarde, antropóloga y feminista, es catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue miembro del Congreso de los Diputados en el Congreso Federal mexicano entre dos mil tres y dos mil seis, escogida como aspirante independiente en las listas del Partido de la Revolución Democrática. Desde este puesto luchó por los derechos de las mujeres.

 

Comprometida con el esclarecimiento de la violencia en Urbe Juárez, es una de las autoras que ha acuñado el término feminicidio para referirse a estos acontencimientos. Marcela Lagarde comprende el feminicidio como un crimen de Estado, al no crear las condiciones que garanticen la vida de las mujeres. En el mes de diciembre de dos mil nueve, en una histórica sentencia, el Estado mexicano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos por incumplimiento de sus deberes en frente de la desaparición, tortura y asesinato de 3 jóvenes en Urbe Juárez, y asimismo por violar los derechos humanos de sus familiares.

 

Los cuerpos sin vida de estas 3 mujeres fueron encontrados, al lado de los de otras 5 muchachas, en un viejo campo algodonero de la urbe y por este motivo el caso ha tomado el nombre de «Campo Algodonero». Si bien la solicitud de investigar por violaciones de derechos humanos fue presentada a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la parte de las madres de estas 3 jóvenes a título individual, la sentencia tiene considerablemente más alcance, pues establece que la violencia contra las mujeres que se vive en Urbe Juárez es una violación estructural de derechos humanos de la que el Estado mexicano es responsable.

 

Como ves, aún nos queda mucho por avanzar para conseguir la igualdad de ocasiones para hombres y mujeres en el mundo entero. El empeño y valor de las que nos antecedieron nos han traído hasta acá. De nosotras depende continuar combatiendo para conseguir un planeta más justo y también igualitario. Cuando charlábamos de mujeres y poder, nos resultaba bastante difícil rememorar el nombre de diferentes reinas y políticas.

 

Probablemente, asimismo te van a venir a la cabeza más nombres de varones que de mujeres si piensas en personas que hayan señalado en el campo de la música y de la pintura, de la literatura, de la filosofía, o bien que hayan desarrollado esenciales investigaciones y descubrimientos científicos. Esto nos pasa por 2 razones: • históricamente hubo más hombres que mujeres que pudieron dedicar su vida al campo del conocimiento, que estaba prohibido o bien limitadísimo, para ellas.

 

  • no preservamos el nombre de todas y cada una de las mujeres dedicadas a las artes y las ciencias, por el hecho de que se ha perdido la información o bien pues no se las valoró suficientemente para dejar perseverancia de su obra. conforme la mayor parte de las religiones, la divinidad (Jahvé, Zeus, Dios, Alá…) creó a los hombres y a las mujeres con unas capacidades naturales diferentes, que les hacen dedicarse a unas tareas y no a otras.

 

O sea, las mujeres son más enclenques y deben limitarse a las tareas de la casa, al tiempo que el hombre trabaja la tierra pues es más fuerte. Asimismo se afirmó que biológicamente las mujeres eran inferiores a los varones, singularmente el cerebro, que no las capacitaría para exactamente las mismas actividades, puesto que no estaba hecho para meditar.

 

De este modo, los varones pueden dedicarse a los temas públicos, como los negocios, la política o bien el campo intelectual, mas no se veía bien que lo hiciese una mujer. Esas ideas misóginas o bien, lo que es exactamente lo mismo, que parten de la idea de que la mujer es inferior, están presentes en grandes pensadores de todos y cada uno de los tiempos. Pese a esas creencias, las mujeres han probado su sabiduría durante la Historia.

 

Se puede decir que el saber de las mujeres es un saber «no oficial», en tanto que de forma frecuente la tarea de las mujeres señaladas –de quienes vamos a hablar más adelante– no era valorada por los círculos intelectuales, mas asimismo por el hecho de que, a lo largo de generaciones, muchas mujeres han sido poseedoras de un conocimiento práctico que no se reconocía mas que ha formado una parte de las diferentes etnias.

 

Por poner un ejemplo, cuando hay una persona enferma en tu casa, ¿quién la cuida?, ¿quién se preocupa de que tome la medicación o bien el requemado para el catarro? Del mismo modo, durante los siglos, las mujeres fueron sanadoras, se ocupaban de cuidar de los pequeños y pequeñas, a las personas ancianas, e inclusive a quienes vivían cerca de ellas; de ahí que tenían conocimientos de botánica, de medicina, de psicología… si bien no tuviesen ningún «título» que lo acreditase.

Los derechos de las mujeres

 

Esta clase de saber práctico se transmitía de generación en generación, no se estudiaba en una escuela o bien en la universidad, sino era una parte del aprendizaje de la vida. Esta sabiduría femenina no era bien vista por los hombres que dirigían la sociedad y en ciertas temporadas llegaron aun a perseguir a aquellas mujeres que «sabían demasiado». Por servirnos de un ejemplo, piensa en las leyendas y en los cuentos que nos charlan de las brujas.

“Frida on White Bench,” photograph by Nickolas Muray, 1939. Submitted image

 

Como vas a saber, se las acusaba de hacer hechizos, de guardar relación con el demonio, de envenenar a las personas y echarles maleficios… Todo eso responde a la prosecución que padecieron muchas mujeres, desde expulsarlas del pueblo o bien la urbe donde ejercitaban, a sufrir malsanas torturas que terminaban con la muerte de la «bruja».

 

Era una temporada de luchas religiosas y de asentamiento del saber en centros especializados, como las universidades, de ahí que todo conocimiento que quedaba fuera de estos límites era considerado una herejía, un ataque contra el orden establecido. La educación de las mujeres se consideraba una pérdida de tiempo, puesto que su misión en la vida era casarse y tener descendencia.

 

De esta manera, aun las aristócratas –ya que, generalmente, tanto los pequeños como las pequeñas pobres no podían estudiar– recibían una educación menor en comparación con los hombres de su familia y ambiente, y se limitaba a que cumpliesen apropiadamente sus funciones como esposas y transmitiesen a su progenie los valores propios de su cultura. De ahí que tantas mujeres no pudieron estudiar y desarrollar sus capacidades intelectuales.

 

Entre la minoría que tuvieron acceso a la educación, ciertas escritoras charlaron de la injusticia que suponía negar a las mujeres esa capacitación intelectual. Ya mentamos a Mary Wollstonecraft (mil setecientos cincuenta y nueve-mil setecientos noventa y siete), quien se opone al pensador francés Rousseau cuando este defiende, en su obra Emilio, que las mujeres «deben aprender muchas cosas, mas solo lo que resulta conveniente que sepan», en referencia a la domesticidad y a su supuesta incapacidad para las tareas intelectuales (Fernando Calderón Quindós, «La mujer en la obra de Jean Jacques Rousseau»

 

ciento setenta y cuatro). Asimismo la ilustrada Josefa Querer y Borbón (mil setecientos cuarenta y nueve-mil ochocientos treinta y tres), en mil ochocientos setenta y seis, defendió el derecho de las mujeres a percibir una educación que las ayudase a meditar y a no conformarse con ser simples figuras ornamentales, preocupadas solamente por su belleza.

 

Otra escritora de la temporada, la asturiana Josefa Jovellanos (mil setecientos cuarenta y cinco-mil ochocientos siete), coincide en resaltar la relevancia de la educación de las pequeñas mas, en contraste a Josefa Querer y Borbón, crea que merecen ese derecho tanto las pertenecientes a la burguesía como las obreras. De este modo, en su testamento dejó escrito que se hiciese en Gijón una escuela para pequeñas, donde «se va a enseñar y formará gratis a 24 pequeñas pobres de exactamente la misma villa».

 

Como buena ilustrada, se preocupó de apuntar en tal testamento que «si no bastase la amonestación se va a poder castigar a las pequeñas con la privación del esparcimiento, mas de ninguna manera con golpes, ni otro castigo anatómico, que tengo por dañino y también inútil» (María José Álvarez Faedo, «Josefa Jovellanos y la educación de la mujer en el s. XVIII», Folleto Jovellanista, cinco, veintisiete-veintiocho).

 

Otra mujer, de la que ya charlamos, y que creía en la relevancia de la educación para mudar la sociedad es Concepción Médano (mil ochocientos veinte-mil ochocientos noventa y tres), quien asistió como oyente a las clases de Derecho vestida con ropas masculinas, puesto que las mujeres no tenían tolerado cursar títulos superiores; en verdad, hasta mil novecientos diez no se autoriza que las mujeres accedan de forma libre a la educación superior, si bien ciertas lo habían hecho con autorización de sus progenitores o bien esposos anteriormente como genuinos elementos exóticos.

La formación de las mujeres

 

Una de las oraciones simbólicas de Concepción Médano, que refleja bien su forma de meditar, es: «Abrid escuelas y se van a cerrar prisiones. Como hemos visto, las mujeres estaban marginadas oficialmente de la cultura, puesto que se estimaba que esta era un tema «masculino» (recuerda lo que afirmábamos al comienzo sobre los papeles de género).

 

No obstante, tampoco se valora la relevancia que tuvieron las mujeres en la carrera de sus familiares, de ahí que charlamos de la invisibilidad de su trabajo. Vamos a ver ahora ciertos ejemplos. A lo largo de la temporada medieval los artesanos se organizaban en gremios, a los que las mujeres tenían prohibido el acceso. Mas pese a ese rechazo oficial, en los talleres muchas esposas trabajaban con sus maridos herreros, joyeros, zapateros, curtidores… Además de esto, se preservan ejemplos de ciertas viudas que se encargaron del negocio y lo sacaron adelante, pese a la oposición de viejos compañeros de su marido y de la propia estructura gremial; esto muestra que tenían conocimiento no solo del propio oficio, sino más bien de lo que el día de hoy llamamos administración y contabilidad.

 

En la temporada del Renacimiento (siglos XV y XVI) florecieron las artes plásticas, especialmente la pintura, y el día de hoy está probado que tras espléndidos cuadros de esenciales talleres se oculta la mano de mujeres artistas, como Marietta Robusti, Justina van Dyck o bien Margarita van Eyck. María Lejárraga (mil ochocientos setenta y cuatro-mil novecientos setenta y cuatro) es otro de esos ejemplos de mujeres «invisibles», puesto que sus escritos fueron firmados y publicados por su marido, a quien la crítica siempre y en todo momento encomiaba.

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¿Piensas que esas creencias hubiesen sido exactamente las mismas de haberse sabido que quien escribía era verdaderamente María Lejárraga y no su esposo? Esta autoría, que resulta evidente en las cartas que se mandaba el matrimonio, tardó tiempo en reconocerse, todavía cuando había escritores que conocían la verdad, como Juan Ramón Jiménez o bien Val-Inclán.

 

Hay que tomar en consideración, además de esto, que tampoco podría explicarse la refulgente carrera de la mayor parte de los grandes intelectuales y científicos sin acercarse a la figura de sus esposas, como sucedió, por poner un ejemplo, con Emma y Hables Darwin o bien Carmen Cobián y Severo Ochoa. Estas y otras mujeres dedicaron su vida entera a respaldar y cuidar de sus maridos, y se encargaron del trabajo familiar o bien reproductivo (o sea, nutrición, cuidados, crianza de la descendencia, atención a las personas mayores…), mientras que se dedicaron a sus profesiones.

 

A lo largo del siglo veinte se generalizó la educación básica para pequeños y pequeñas en la mayor parte de los países desarrollados del llamado Primer Planeta. Muchas mujeres han podido formarse y resaltar en algún campo intelectual, aun han visto retribuido su esmero con el reconocimiento público de su trabajo; mas todavía actualmente prosigue habiendo diferencias y desigualdades entre hombres y mujeres.

 

Esto lo prueba, entre abundantes ejemplos, el hecho de que el Premio Nobel de Economía se haya dado por vez primera a una mujer, Elinor Ostrom, en el año dos mil nueve, cuando estos galardones se entregan desde mil novecientos uno. Pese a que en la actualidad las mujeres pueden estudiar, como lo prueba el hecho de que en las universidades españolas hay más pupilas que pupilos, todavía queda por acceder a los puestos de responsabilidad, como rectorados, vicerrectorados y otros órganos de gobierno.

 

Y esta realidad se da no solo en el campo académico sino más bien asimismo en otros espacios, como el de las grandes finanzas, el ejército o bien la política. Además de esto, hay que tomar en consideración que en la mayoría del planeta las mujeres todavía tienen negado el acceso a la educación y las tasas de iletradas superan sobradamente las de incultos.

La educación de las mujeres

 

La filósofa Hipatia (355/370-cuatrocientos quince) fue una figura admirada en la Antigüedad y resaltó en el campo de la astronomía, las matemáticas y la física. Viajó por diferentes urbes para formarse y, aparte de dar clases a los jóvenes de la elite de Alejandría, efectuó esenciales investigaciones. Semeja que escribió diferentes tratados, si bien no se conserva ninguno, y se sabe que diseñó o bien ideó ciertos aparatos, como el astrolabio –para determinar la situación de las estrellas– y el hidrómetro –para medir la fuerza o bien el caudal de los líquidos–.

 

Hay perseverancia de que en el viejo Egipto hubo escuelas de medicina para mujeres en el año tres mil antes de Cristo, mas en otras etnias y temporadas se les llegó a prohibir que estudiasen esa disciplina y, por ende, que ejercitaran de médicas. De este modo, en el siglo III a. de C., una mujer llamada Agnódice se disfrazó de hombre para poder estudiar medicina en Alejandría y más tarde ejercitó la medicina, presentándose siempre y en todo momento como un varón.

 

Mas estas situaciones no nos son tan lejanas; un caso próximo es el que padecen las afganas bajo el régimen talibán, puesto que cuando están enfermas o bien dan a luz, los varones no pueden atenderlas y el obstáculo de estudiar hace que apenas haya médicas que las asistan. A lo largo de la temporada medieval, muchas religiosas tenían conocimientos de botánica y medicina, como Hildegarda de Bingen, de quien ya charlamos.

 

Fuera del campo eclesiástico, hallamos la figura de Trótula de Salerno (s. XI-XII). No se conoce mucho sobre su vida mas sabemos que escribió múltiples tratados médicos, uno de ellos sobre ginecología y cuestiones relacionadas con el ciclo biológico femenino, como la regla, el embarazo y el parto, y en el que se plantean antídotos para enfermedades específicas.

 

La inglesa Lady Mary Wortley de Montagu (mil seiscientos ochenta y nueve- mil setecientos sesenta y dos) viajó a Turquía en mil setecientos diecisiete, acompañando a su marido, embajador inglés. Era una mujer marcada por la viruela, en tanto que había sufrido la enfermedad –con las consecuentes huellas en su cara– y que además de esto, perdió a un hermano.

 

Al llegar a Constantinopla conoció la técnica de la inoculación y como primera medida hizo inocular a su hijo de 3 años de edad, algo de lo que va a dejar perseverancia escrita. De vuelta en Inglaterra. se ocupó de dar a conocer este procedimiento precautorio, aprovechando sus buenas relaciones con la corte. Pese a las primeras renuencias, el procedimiento se extendió velozmente por Inglaterra, incluyendo la inoculación de la familia real.

 

Siguiendo este recorrido de mujeres sabias, vamos a hablar ahora de una de las científicas más conocidas, y reconocidas: la polaca Marie Sklodowska-Curie (mil ochocientos sesenta y siete- mil novecientos treinta y cuatro). Se licenció en Física y Matemáticas por la Sorbona y, ya casada, hizo la tesis sobre substancias radioactivas; fue la primera mujer que dio clase en esa universidad, tras conseguir su cátedra de Física, y, como ya vimos en la sesión precedente, consiguió 2 Premios Nobel: el de Física en mil novecientos tres, por sus estudios sobre radiactividad, y el de Química en mil novecientos once por su investigación sobre el radio.

Las mujeres que cambiaron la historia

 

En suma, su carrera es refulgente y su contribución a la ciencia, innegable; muestra de ello es su negativa a patentar el proceso de aislamiento del radio. Asimismo rechazó la pensión de viudedad cuando murió Pierre Curie. Ya vimos que tras muchas carreras gloriosas de hombres está el esencial papel de sus esposas, tanto por el apoyo que les dieron como, a veces, por el hecho de que contribuyeron al desarrollo de sus investigaciones.

 

Uno de esos casos es el de Mileva Maric (mil ochocientos setenta y cinco-mil novecientos cuarenta y ocho), una matemática serbia que no aparece en los tratados de física ni es famosa por el enorme público pese a que, según lo que parece, tuvo mucho que ver en la preparación de la teoría de la relatividad. Conforme ciertos estudiosos, y merced a la correspondencia que sostuvo con su marido, Albert Einstein, se podría decir que Mileva Maric contribuyó de forma notable a desarrollar dicha teoría; aun el propio Einstein la trata de «colega».

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Pese al discute y la polémica en torno a esta idea, lo que está claro es que Mileva Maric era una matemática refulgente, que renunció a sus estudios y aspiraciones por hacerse cargo de los 2 hijos del matrimonio, uno de ellos deficiente, a fin de que Albert Einstein pudiese dedicarse a la ciencia. Tras un duro matrimonio se separaron y cuando Einstein recibió el Nobel, le cedió a Mileva todo el dinero del premio, mas la gloria y el reconocimiento jamás la alcanzaron. Como hemos visto, y son solo ciertos ejemplos, la ciencia no es solamente cosa de hombres.

 

Piensa, por poner un ejemplo, en la asturiana Margarita Salas (natural de Canero, Valdés, en mil novecientos treinta y ocho), una estudiosa que lleva años estudiando y transmitiendo conocimiento, con un reconocido prestigio internacional y galardonada con esenciales galardones. Para cerrar este capítulo sobre la capacidad autora de las mujeres vamos a hacer un breve repaso a ciertos objetos de nuestra vida rutinaria que han sido inventados por mujeres, algo de lo que la mayor parte no somos conscientes.

 

Hay instrumentos que en el día tras día son esenciales, si bien a quienes los crean no se les reconoce su importancia; está claro que haber llegado a la Luna es un enorme avance y que investigar si hay agua en Marte puede aportar importantes beneficios para la humanidad, mas asimismo es verdad que jamás se valora de qué forma otra serie de avances técnicos mejoraron la vida rutinaria. Vamos a ver solo ciertos que han sido inventados por mujeres.

 

Por poner un ejemplo, el lavaplatos, desarrollado por Josephine Cochran (mil ochocientos treinta y nueve-mil novecientos trece) y construido por ella misma. Presentó el lavavajillas mecánico manual en la Feria Universal de la ciudad de Chicago de mil ochocientos ochenta y seis y, puesto que al comienzo no fue admitido por el público general, los primordiales adjudicatarios fueron los grandes hoteles y restaurants, si bien más tarde se incorporó a los hogares.

 

Otro invento realmente útil es el del limpiaparabrisas. Su diseño se debe a Mary Anderson (mil ochocientos sesenta y seis-mil novecientos cincuenta y tres), a quien se le ocurrió la idea al viajar en vehículo, con la intención de eludir tener que bajar las ventanas para adecentar los cristales.

 

Recibió la patente de su invento en mil novecientos tres y tras aplicarse por vez primera a un modelo de Ford, en mil novecientos dieciseis se transformó en una equipación estándar para todos y cada uno de los turismos estadounidenses. Y pese a que en nuestros días se habla de regresar a los pañales de lona en pro de la ecología, hay que reconocer la comodidad de los pañales tirables, creados y patentados por Marion Donovan (mil novecientos diecisiete-mil novecientos noventa y ocho).

 

A Marion, una madre en pleno baby boom, se le ocurrió agregar una cubierta de plástico (de la ducha) a los pañales de lona para eludir que los bebés se mojaran con tanta frecuencia y tener que mudarlos tan con frecuencia. Primero probó con lonas impermeables, entonces con nailon y después con material utilizado en paracaídas; si bien al comienzo su invento no fue bien recibido, por último se extendió y vendió su compañía por una elevada cantidad de dinero, muestra de que era un negocio rentable.

 

Actualmente, el sostén es más que una prenda femenina, puesto que, alén de la gran producción y rentabilidad que supone el negocio de la ropa interior, tiene unas connotaciones evidentes en la quema de sostenes a lo largo de las quejas feministas de los años sesenta y setenta o bien cuando se lanzan a los escenarios en conciertos o bien espectáculos musicales.

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Semeja que la idea brotó cuando Mary Phelps Jacob (mil ochocientos noventa y uno-mil novecientos setenta), su inventora, iba a asistir a una celebración con un vestido de seda, que dejaba al descubierto un corsé recio. De ahí que, con 2 pañuelos de seda y una cinta efectuó el anticipo del moderno sostén y fue tal el éxito que sus amigas y familiares le solicitaron que les hiciese uno. Mary Phelps consiguió la patente en mil novecientos catorce y creó una compañía para comercializarlos.

 

Mas el siglo veinte alumbró otros muchos inventos a manos de mujeres, como el tippex, por la secretaria de Bette Nesmith Graham (mil novecientos veinticuatro-mil novecientos ochenta); o bien esenciales descubrimientos como el antibiótico antihongos, investigado por Rachel Fuller Brown (mil ochocientos noventa y ocho-mil novecientos ochenta) y Elizabeth Lee Hazen (mil ochocientos ochenta y cinco-mil novecientos setenta y cinco), o bien los cristales reflectantes, diseñados por Catherine Blodgett (mil ochocientos noventa y ocho-mil novecientos setenta y nueve).

 

Con este pequeño apartado sobre los inventos podemos seguir con esa reflexión que hacíamos al principio: las mujeres han sido autoras durante la Historia, mas se ha complicado su camino y se han invisibilizado sus logros. De ahí que es tan esencial salvar su memoria y su trabajo, como hemos hecho durante estas unidades, puesto que, en suma, ese era uno de los objetivos de este curso sobre la historia de las mujeres.

 

Mas, como vamos a ver ahora en el epílogo, nuestras vidas asimismo forman una parte de la Historia pues la Historia la hacemos y la escribimos todas y cada una y todos. Muy frecuentemente te habrás sentado en torno a una mesa para festejar y asimismo para contar historias, mudar impresiones, en resumen, para comunicarte. En otras ocasiones, como este taller, te has juntado con compañeras y amigas para poder compartir algo de todas y cada una y con todas y cada una.

 

En general, estos encuentros acaban en una pequeña charla, en un intercambio de inquietudes, preocupaciones y alegrías. Estas pueden ser de todo tipo: personales, familiares, relacionadas con nuestro distrito o bien pueblo o bien con lo que sucede a nuestro alrededor o bien con el planeta por norma general. En todos y cada uno de los sitios pasan cosas y nosotras las valoramos, las reconocemos y tenemos opinión a este respecto a ellas.

Defendiendo los derechos de las mujeres

 

Si te has dado cuenta, en este espacio para conocer, para aprender, para convivir hemos hecho memoria. Hemos recurrido al pasado y asimismo al presente y hemos hecho cómputo de la historia de las mujeres. Hemos visto que ha sido preciso recobrar la vida y la historia de las mujeres.

 

De forma tradicional se nos ha visto como heroínas, como reinas, como seres singulares mas inusuales, no como personas que debían convivir en condiciones de igualdad con los varones. Pudimos sentirnos víctimas, no se había contado con nosotras y también invisibles, apenas habíamos protagonizado nada. Es verdad que esta era la historia de batallas, de guerras, de disputas.

 

Cuando la historia fue dando un vuelco cara la reflexión sobre temas más «sociales» sobre todas y cada una de las cosas que habían pasado, las narraciones fueron mudando. Mas, como sabes, fueron las historiadoras feministas las que reclamaron un sitio en la historia que poquito a poco se nos ha ido dando. Este taller es fruto de muchas investigaciones de muchas historiadoras y de algún historiador que ha podido acercarnos a otro saber en el que estamos presentes las mujeres.

 

Así, ya no se nos puede esconder, ya somos perceptibles y nosotras podemos contribuir con nuestro grano de arena a fin de que la historia no se vuelva a olvidar más de nosotras ni de nuestras antepasadas. Prácticamente todas hemos recordado cosas y hemos podido reconstruir una parte de nuestra historia. Todo cuanto charlamos y contamos es parte integrante de la vida diaria. La guardamos en forma de recuerdos, la incrustamos en nuestra memoria.

 

De ahí que muchas historiadoras se interesan y también estudian sobre la historia de las mujeres a fin de que se reconozca nuestro legado al planeta. Uno de los registros más esenciales son las historias orales y sus instrumentos, las fuentes orales. Las historiadoras y los historiadores relatan el pasado prácticamente como nosotras lo podemos hacer, con la diferencia de que tienen instrumentos y herramientas que les dejan hacer un trabajo científico y elevarlo a la categoría de ciencia. Nosotras podemos hacer algo de ciencia con nuestra aportación a este taller.

 

Numerosas mujeres nos dejaron su legado, sus diarios, sus cartas, sus relatos, sus autobiografías. Cualquiera de estos aspectos puede ser empleado por ti si deseas redactar la historia de tu vida. Muchas lo hicieron. Puedes animarte. Muchas mujeres han escrito diarios, autobiografías. Por medio de sus palabras conocemos aspectos de sus historias de vida, del planeta que las rodeaba.

 

Si no nos lo hubiesen llegado a trasmitir hubiese continuado su testimonio escondo. ¿Deseas redactar la historia de tu vida? No vas a poder rememorar todo. La memoria es selectiva. Por norma general, en estos casos, se acostumbra a apreciar rememorar las cosas buenas, mas no siempre y en todo momento, en ocasiones, asimismo asiste el dolor, los malos tiempos. Todo ha constituido nuestra vida.

 

¿Desearás recobrar ciertos de tus recuerdos? Imaginaros que vuestra abuela os contó un día de qué forma vivían entonces, o bien vuestra madre o bien alguna de vuestras tías: todo ello es un enorme legado que resulta conveniente no perder. Estos testimonios se pueden recobrar.

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